domingo, 26 de agosto de 2007


Sin estatuas la inmortalidad resulta un disparate
Carlos Monsiváis
1 de julio de 2007

Simposio neoplatónico de estu-diosos del Estado, la Historia y la Celebración de Bicentenarios. Sesión plenaria.Tíbulo Godínez (politólogo): Yo creo, humildemente, que un plazo adecuado para formarse un juicio histórico objetivo es 400 años. Antes de ese lapso, no hay juicios que se puedan tomar en cuenta sobre los estadistas, hay opiniones ligeras, infundadas, volátiles, o, lo que es peor, populistas, es decir subversivas. Por eso, y en relación a los gobernantes que han guiado a esta República, propongo que se les declare a todos inmarcesibles, y no se revise su expediente definitivo sino dentro de dos siglos, cuando el pueblo se haya serenado.
Adulatio Romualdo (periodista entregado a la noble causa del entrecomillado): Esa es una idea genial. Otra es pedir que mientras llega el juicio histórico, iniciemos la venta de los Bonos del Ahorro Ideológico para acumular energía y nobleza de raciocinio. Bonos del Ahorro Ideológico. Usted se abstiene de pensar y México no se polariza.
Enjundioso Gómez (Brillante exponente de los ideales de castidad que dinamizarán la familia mexicana): Si se quiere entrarle al tema, estamos a la mitad del camino, a un paso del Bicentenario de la Independencia de la República, que 2010 acogerá en su santo seno. ¡Imagínense! Hace casi doscientos años el señor sacerdote Miguel Hidalgo abrió los ojos por vez primera.
Ramiro Villa Rica (Historiador de buena cuna aunque ya salió de ella y caminó un buen trecho): Quizás por la extrema juventud de sus cuarenta abriles, amigo Enjundioso, está algo confundido. El Bicentenario es el de la Independencia, el cura Hidalgo nació antes.
Enjundioso: Eso de nacer antes es protagonismo. Por decreto, los héroes deberían nacer el mismo día de sus hazañas para que fueran al mismo tiempo Padres e Hijos de la Patria... Como sea, propongo que el Bicentenario sea de puros festejos, y que las críticas, como se ha dicho, se pospongan dos siglos.
Ana Crónica (encargada oficial de la Crónica del Bicentenario): ¡Gran idea! ¡Nada de echarle nada en cara a Santa Anna, Porfirio Díaz y el PRI (éste último mientras no se apruebe la reforma fiscal).
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Fúlgido Lumen (político de la vieja generación): De lo que se trata es de evitar las injusticias. Fíjense en el caso de don Abelardo Rodríguez, que fue Presidente de la República. Nadie lo reivindica como héroe patrio y sin embargo, sólo un irresponsable afirmaría que vendió Aguascalientes a los japoneses. Esa es la prueba de fuego. Si no hay documentación al respecto, don Abelardo es inocente, nunca vendió Aguascalientes a los chinos y nada más por eso merece una estatua... Ahora, como ya nadie lo recuerda, se le puede vender el espacio de la estatua a Wal-Mart.
Adámico Hervor (Empresario de la nueva generación y por ello mismo senador): Si de algo va a servir el Bicentenario es para darle empleo al taller de escultura cívica Don Sebas. ¡Estatuas para todos!
Ínclito Valet (memorioso de café): Un problema colateral es si procede o no levantarle estatuas en vida a los héroes gubernamentales, gobernadores, senadores y diputados incluidos. Por cierto, la definición de héroe: cobra en la nómina y con dignidad.
Adulatio: ¿Por qué va a ser un problema? Si son héroes merecen reconocimiento, y no hay reconocimiento sin pedestal, y el pedestal no sirve de nada sin la estatua. Y sin las estatuas nadie recordaría el origen histórico de los pedestales.
Ínclito Valet: Yo lo decía porque ha subido mucho el precio del cemento y el bronce. (Examina los rostros furiosos a su alrededor) Tiene razón, me retracto, me olvidé del negocio.
Efeméride Lustrosa (Reportera de sociales): Pero si debemos esperar que el juicio histórico llegue, y éste tarda dos siglos, ¿a qué hora no será precipitado levantar estatuas?
Adulatio: Que sean estatuas provisionales que duren siglo y tres cuartos. Ya cuando sea la época del juicio histórico las cubrimos. O a la mejor, Dios no lo quiera, las cubren nuestros descendientes. Si el juicio es positivo, se descorre el velo; si es negativo, se le cambia la cabeza al héroe por la de otro que aguarde turno.
Efeméride Lustrosa: ¡Qué bonito! Eso liquidará para siempre a las equivocaciones históricas. ¿Y cuáles serían los motivos de honra escultórica?
Fúlgido Lumen: Que salvó a la Patria en horas de angustia, que salvó a la Patria en horas de felicidad, que se olvidó de la Patria en horas de asueto, que construyó el México moderno, que restauró el México antiguo, que no hizo ninguna de ambas cosas, que soñó con un México justo, que tuvo pesadillas con un México injusto, que fue leal a su vocación republicana. Que se aprendió de memoria la Constitución de la República y luego murió de meningitis.
Adulatio: ¿Y cuántas estatuas serán necesarias para calmar la sed de gratitud de la Nación?
Lámpara Votiva: Calculen 102,604 por sexenio, con dos o tres reemplazos por accidente moral.
Todos (en voz baja): Qué bien hicimos en asociarnos en esta empresa de estatuaria cívica.
* * *
Aurora Descollante (politóloga, ex–priísta, ex–musa de la sociedad civil): Volvamos a lo del Bicentenario, hay que tener un proyecto, o por lo menos un anteproyecto, un croquis, un boceto, un lista de sillones ad hoc, algo. Démonos prisa porque como Poder Legislativo del partido en el poder representamos al Poder Ejecutivo e intuimos el Poder Judicial.
Todos: ¡De prisa, de prisa! ¡A corretear al tiempo!
Aurora Descollante: ¿Ya fijamos el plazo?
Adulatio: ¡Claro! De aquí a unos años nos vemos aquí mismo, pero ya tardecito.
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Lámpara Votiva: ¿Y a qué héroes hay que darles prioridad?
Eterna Brega (Historiador e instructor de natación en el Popo): Aquí está mi lista: el virrey O’Donojú, Agustín de Iturbide, Lucas Alamán, López de Santa Anna (nos salvó de tener que gobernar Texas, California, Nuevo México, etcétera), Miramón, Maximiliano (conjunto escultórico), Mejía, Porfirio Díaz (tres conjuntos escultóricos), Francisco I. Madero (una banca en La Alameda), Miguel Alemán (seis conjuntos escultóricos y la reposición de la estatua en Ciudad Universitaria), Vicente Fox (un rancho escultórico y una megabiblioteca de bolsillo)...
Todos: ¡Gran catálogo! ¡Viva el Bicentenario!

El complot del humor masivo
Carlos Monsiváis8 de julio de 2007

El escándalo del ‘Chinogate’ o del Copelaocuelo, o del misterioso Zhenli Ye Gon, o del Fu Manchú de las Lomas, o del Peligro (amarillo) para México en la versión de los panistas, se ha convertido en un tríptico que integran las declaraciones francamente exasperadas de los funcionarios federales, Felipe Calderón incluido; las sospechas que poco a poco se dejan ver como vislumbres de un paisaje delincuencial y, finalmente, la transformación de lo que parecía disparate o broma ridícula en un asunto muy serio. A todo lo ha ido entrelazando el humor masivo, como siempre la gran correa transmisora de una noticia, en este caso la otra “celebración” de la gloriosa victoria de Calderón el 2 de julio de 2006.
El humor masivo es o puede ser reiterativo, previsible, no muy afortunado, pero su ubicuidad ratifica el poderío de un asunto, y tratándose del Peligro (amarillo) para México, su vigor no desaparece al menos mientras los funcionarios persistan en dar falsas explicaciones, titubeen, se irriten, se llamen a tragedia. Ahora lo que se puede hacer, como mantra, es repetir la frase que pondera lo inocultable: “¿Tú le crees al chino? Yo también”.
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¿Cuál es el fondo de este público y delirante trasfondo? Un chino nacionalizado mexicano, Zhenli Ye Gon, afirma en una entrevista en AP, que se le acosó, se le dijo: “Copelas o cuelo” (cooperas o cuello), y que en la intimidación participó el secretario del Trabajo, Javier Lozano.
Antes de que se publique la noticia, Medina Mora, el procurador general de la República, desmiente a don Zhenli, y provoca que AP dé a conocer sus indagaciones. Mientras, la PGR asegura que a don Ye Gon se le aplicará todo el peso de la ley. No ha sido procesado ni sentenciado y ya la ley le cayó como un fardo. ¡Qué previsora la Procuraduría General! A esto siguen declaraciones igualmente iracundas del secretario del Trabajo, del dirigente nacional del PAN, del secretario de la Función Pública, del Partido Acción Nacional y del mismísimo Felipe Calderón.
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La opinión pública o la sociedad civil (no son sinónimos) acepta el envío, se regocija también y muy en especial en lo de “Copelas o cuelo”, y rifa el beneficio de la duda. ¿Por qué no? Desde la perspectiva de las autoridades el asunto ha recibido un tratamiento cada vez más divertido a pesar suyo: se le agiganta con tal de minimizar el problema. ¿Cómo le hacen caso... a esa minucia? Además, las revelaciones sucesivas ahondan tanto en la credibilidad de lo que al principio se juzgó broma macabra (205 millones de dólares, según el chino, el resto de la operación de gran financiamiento de la campaña del PAN en 2006) y ahora se juzga dentro de lo posible sin ir más allá. Nadie puede acusar categóricamente y, también, nadie puede exculpar categóricamente. Los extremos se tocan mientras, en suspenso, la verdad baila mambo. Chinito bailarín marca el paso.
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Leo EL UNIVERSAL del 5 de julio de 2007: “Indagan por caso Ye Gon a personal de las aduanas (por “deficiencia u omisiones al revisar contenedores en los que ingresaron al país más de 60 toneladas de sustancias derivadas de la seudoefedrina, pertenecientes al empresario chino Zhenli Ye Gon”); en el allanamiento de la casa del chino, la PGR encontró una credencial que lo identifica como “enlace legislativo” de la Legislación pasada, y la credencial la firma el senador Fidel Herrera (el gobierno de Veracruz dijo que la credencial podría ser apócrifa); en tres años Ye Gon perdió más de 130 millones de dólares en casinos de Las Vegas; la PGR envía al Bank of America los 205 millones 564 mil 766 dólares decomisados por “razones de seguridad” (lo que es una descalificación más que severa de la confiabilidad de las instituciones bancarias de México), y con un costo de más de millón y medio de dólares, pérdida recuperada con los intereses; en una carta a Calderón, el abogado de Ye Gon (en Estados Unidos) le pide que interceda por su cliente “antes de que sea tarde y por el bien de todos”, y el Presidente responde: “No aceptaremos chantajes”, con lo que, en este orden de cosas, eleva al rango de interlocutor al “siniestro oriental” (esto también se ha escrito).
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Vuelvo al tema del humor masivo. Basta la reproducción impetuosa de un chiste o, si se quiere, es suficiente con la aceptación unánime de que el tema, además de increíble y creíble (al mismo tiempo) es muy chistoso, para garantizar su continuidad, no obstante los esfuerzos oficiales por suprimirlo sin más. En cambio, el macrofraude de Fobaproa nunca se imprime (o el verbo correspondiente) en el imaginario colectivo, muy probablemente para no ligarse a una visión satírica. Otro ejemplo de la relación entre un chiste aprobado masivamente y la atención mucho mayor a un escándalo, es lo que ha rodeado a las acusaciones por pederastia a Marcial Maciel, fundador de los Legionarios de Cristo, que culminan con su jubilación forzadísima por parte del Vaticano. A Maciel no le sirve la protección de los poderes porque, además de las pruebas, y en lo social, su contrincante es el chiste.
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Lo que decide el registro humorístico del Chinogate es la frase culminante: “Copelas o cuelo”. Cooperas o cuello, la expresión que muy probablemente se incorporará a esa Hall of Fame donde están otras joyas:
— Mátalos en caliente (Porfirio Díaz)
— La moral es un árbol que da moras o sirve para una chingada (Gonzalo N. Santos)
— La mejor izquierda es un gancho al hígado (Alacrán Torres)
— Todo se lo debo a mi mánager o a la Virgencita de Guadalupe (Raúl Ratón Macías)
— La radio inventó al ama de casa (Emilio Azcárraga Vidaurreta)
— Ya nos saquearon, no nos volverán a saquear (José López Portillo)
— Un político pobre es un pobre político (Carlos Hank González)
— (A los opositores) Ni los veo ni los oigo (Carlos Salinas de Gortari)
— Sorry, no traigo cash (Ernesto Zedillo a una vendedora indígena)
— Llegamos por la fuerza de las armas y no nos van a sacar con los votos (Fidel Velázquez)
— Comes y te vas (Vicente Fox)



El más sentido pésame
Carlos Monsiváis22 de julio de 2007

Lo que la derecha pierde en 1860 y 1917 con la educación laica, trata de compensarlo en algo al afirmar sus zonas de prohibición (la geografía de la intolerancia). Y sus ofensivas a lo largo del siglo XX responden a la disminución cuantiosa de su hegemonía, en el proceso donde el desarrollo social doblega una y otra vez a la derecha y a su aliado no tan ocasional en los concordatos donde una de las partes afirma: “Te apoyamos en todo, oh gobierno, pero tú déjanos actuar”. Y el gobierno priísta los deja hasta el punto que no lesionen sus zonas de control profundo, entre ellas, irrenunciable, la secularización.
La derecha no lo entiende, no lo quiere entender y, por si fuera poco, tampoco lo entiende. En 1961, “Cristianismo sí, Comunismo no”, la ofensiva nacional de los obispos con sede en la Puebla del obispo Octaviano Márquez y Toriz, más que contra la muy débil izquierda partidaria, se dirige a golpear el sector educativo ya fuera de su control. Un año antes, se lanza la campaña en Monterrey contra los libros de texto gratuitos, juzgados “indecentes” y casi ateos. Sólo la intervención directa del presidente López Mateos dirime el conflicto: los empresarios se hacen a un lado y los libros circulan.
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Esto es lo inadmisible para la derecha: si los niños saben, si las mujeres deciden, su control se desvanece, al depender en enorme medida de la hipocresía como visión del mundo. Ya no se pide la aceptación unánime de sus dogmas, pero sí que se proceda como si estos dogmas fuesen acatados y de allí sus estrategias de contención y formación en los ámbitos de la burguesía y la clase media alta.
Los pobres no importan: que a ellos los cuide su “animalidad orgánica”. Hasta fechas recientes, si una mujer muy pobre es públicamente adúltera allá el que la trate, pero si un rico se divorcia es una amenaza al tejido social. Lo propio de la derecha es la vigilancia de la conducta declarativa (ya ni siquiera de la conducta pública) de las clases gobernantes.
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Hasta la década de 1960 la derecha se concentra en oponerse al protestantismo y el comunismo, en mantener las prohibiciones más notorias y en cultivar las apariencias morales. En tanto registro del mundo, esto trae consigo el olvido de la modernidad, lo que desemboca en el desastre educativo de las escuelas confesionales y en la falta de registro de los cambios irreversibles. Ya en la segunda mitad del siglo XX queda claro: es inútil, se ha perdido la batalla contra la modernidad, debido al resquebrajamiento de la ideología conservadora (le quedan consignas, se fueron las ideas), y a la falta de percepción cultural que lleva a desentenderse del impulso internacional de renovación. Para cuando se reacciona es tarde, la sociedad va más adelante en la posibilidad de regresarla al seno del anacronismo.
En los años recientes, la derecha consolida sus fortalezas, entre ellas la formación de la élite en las universidades privadas, y la identificación de un credo como el requisito del poder económico y político. En un cálculo aproximado, 70% del aparato público, de directores de departamento para arriba ya egresa de las universidades particulares.
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En el tema de las batallas culturales la derecha ha sufrido intensas derrotas sin trazas de enmienda. Cito algunos hechos: el auge de las teorías feministas ya se han convertido en punto de vista de la sociedad entera; los derechos reproductivos son ya materia de discusión libre y ya hay consecuencias legislativas; son interminables las derrotas en los intentos de censura (remember ‘El crimen del Padre Amaro’) y, ahora con alguna espectacularidad el fracaso estrepitoso de otro intento de vencer a la laicidad y humillar el laicismo, la propuesta de la Arquidiócesis Primada de México.
El 8 de julio de este año, Armando Martínez, representante legal de la Arquidiócesis, afirma en conferencia de medios: “En el país es importante que trascendamos de un Estado laicista a un Estado confesional (sin confesión alguna). En breve, la Iglesia católica presentará a los partidos políticos y al Congreso de la Unión un paquete de reformas constitucionales a los artículos 3, 24 y 130, con el fin de alcanzar una verdadera libertad de religión, y dejar atrás el Estado laico.” Así de simple, dejar atrás el Estado laico.
El mismo día, el vocero del arzobispo Hugo Valdemar confirma: “Está en la agenda de la Iglesia lo de las nuevas reformas en materia eclesial, y ya se ha estado trabajando en el tema de la libertad religiosa. El tema se pone en la agenda porque a tres lustros de las enmiendas de 1992 no sólo la Iglesia dice que es una ley imperfecta, sino que expertos en derecho ven las limitantes en las que es preciso ir caminando. Se busca hacer coherente la Carta Magna, no se busca otra cosa”. Hagamos a un lado a juristas que creen conveniente, como señala Valdemar, seguir caminando en las limitantes, tarea acrobática si alguna, y concentrémonos en la incoherencia de la Carta Magna.
El abogado Martínez Gómez de la Arquidiócesis marca el objetivo, el mismo de las incontables demandas anteriores: “Todos los padres tienen el derecho de libre educar a sus hijos, pero no necesariamente a una educación laicista, como la que tenemos, sino que debe ir mucho más allá. Debe de ir en una verdadera libertad en la que los padres puedan determinar si quieren una educación religiosa para sus hijos y el Estado pueda proveer de esta educación religiosa”.
No profundicemos en otro tema, el de la educación gramatical de los hijos que en su tiempo habría beneficiado ampliamente al licenciado Martínez Gómez, y vayamos a otro asunto, muy grato a su recaudatorio corazón: “Se propondrá una reforma de claridad en materia tributaria, como se hace en otros países, donde los ciudadanos pueden destinar parte de sus impuestos a las iglesias”. Es decir, es un decir, que las iglesias no sólo no paguen impuestos sino que la reforma fiscal las premie por no hacerlo.
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El éxito de la iniciativa del Arzobispado es nulo, para no decir nonato. El PRD, el PRI, juristas reconocidos, ONG, las iglesias protestantes y el rumor de la calle, que por lo visto es todavía laicista, rechazan la propuesta. En la Cámara de Diputados nadie abiertamente secunda al Arzobispado, el PAN se declara satisfecho con el Estado laico y las secretarías de Educación y Gobernación se deslindan de la propuesta. El Arzobispado retrocede, declara que la iniciativa no es suya sino de la Asociación de Abogados Católicos (“El de atrás paga”), y el nefando Estado laicista todavía goza de cabal salud.
Otra derrota cultural de la derecha. “Y tú que nunca fuiste capaz de perdonar”.

Rotonda de frases ilustres
Carlos Monsiváis15 de julio de 2007

¿Qué le da popularidad instantá-nea a una frase y le otorga décadas o siglos de vida? Lo primero: sus facilidades nemotécnicas, las circunstancias históricas o publicitarias en que se produce, el aprecio regocijado del humor colectivo (“Coopelas o cuelo”), y las cadencias de la expresión: “Dadme la libertad o dadme la muerte” (Patrick Henry)./ “Soldados, desde lo alto de las pirámides cuarenta siglos os contemplan” (Napoleón)./ “Libertad, ¡cuántos crímenes se cometen en tu nombre!” (Madame Rolland). Estas frases sintetizan las épocas en que la idea del heroísmo provoca el paroxismo virtuoso de las naciones. En el periodo larguísimo en que las metas de lo heroico le son esenciales al lenguaje público y se constituyen en el gran estímulo privado de las sociedades, resuenan victoriosos los apotegmas y, además, es tan impetuoso el culto a la heroicidad que el cinismo sólo se filtra en los labios de los vencidos: “¡Qué gran artista ha perdido el mundo” (Nerón)./ “¿Cuántas divisiones tiene el Papa?” (Stalin).
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No se ha concretado el interés por desentrañar las frases de éxito enorme, quizá porque se piensa que únicamente son puerilidad pop. Tómese la respuesta del boxeador Raúl Ratón Macías al entrevistador Paco Malgesto: “Todo se lo debo a mi mánager y a la Virgencita de Guadalupe”. Bastan unas cuantas palabras para trastocar las jerarquías, y poner al representante por encima de la fe. Se alegará que el orden de los factores no altera el producto, pero esto auspicia las dudas: la Virgen de Guadalupe se queda en el ring-side junto al mánager, pero eso, la conversión de la Virgen en espectadora milagrosa, enloquece a la escena del combate y la vuelve secular. Y si Vicente Fox, a la sazón primer mandatario, le dice al reportero que le exige una declaración comprometida: “¿Y yo por qué?”, lo gracioso no es ver a un presidente de la República que se escabulle como puede de la responsabilidad, sino a un presidente que gana tiempo como puede para ver si se le ocurre algo sobre quién sabe qué.
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Las frases, los apotegmas del siglo XIX provienen de la historia y se difunden con tal de forjar el espíritu cívico o patrio. Al demandarle a su padre la incorporación al bando español, el héroe insurgente Vicente Guerrero contesta: “Señor, usted es mi padre, pero la patria es primero”; Guadalupe Victoria, en la batalla, lanza al río su arma y grita: “Va mi espada en prenda, voy por ella”; el liberal Guillermo Prieto, ante la traición del destacamento en Guadalajara que va a fusilar a Benito Juárez, se precipita y lo cubre con su exclamación: “Soldados, los valientes no asesinan”; Juárez incluye en un discurso la frase que lo acompañará para siempre: “Entre los individuos como entre las naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz”.
¿Qué distingue a estas frases? Inequívocamente, su origen político y épico. ¿Y qué las exceptúa del olvido? Desde luego, el hambre de hazañas que al transmitirse en la educación básica se vuelven expresiones abstractas; en segundo lugar, el gusto por las señas de identidad colectiva que son o quisieron ser instrucción cívica; finalmente, una certeza: a la historia, la experiencia totalizadora, se le puede encapsular en unas cuantas sentencias brillantes.
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En su primera etapa de avasallamiento, la publicidad produce eslogans que cautivan por la sonoridad, el encanto prosódico, la hipnosis rítmica: “Mejor, mejora, Mejoral./ De los astros el sol, de los habaneros Ripoll./ De Sonora a Yucatán usan sombreros Tardán”. Y un jingle muy afortunado de la década de 1950 anuncia un detergente: “Siga los tres movimientos de Fab, remoje, exprima y tienda”. El jingle, morbosamente, se pone de moda al morir Jorge Negrete, gracias a un chiste mecánico pero efectivo: “¿En qué se parecen Fab y María Félix? En que ella también remoja (sus primeros compañeros), exprime (Agustín Lara) y tiende (Jorge Negrete)”.
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En su triste oportunidad, las consignas electorales o políticas se extinguen con rapidez y, si acaso, alcanzan el rango de chistes compartidos en cada generación por una minoría. El presidente Adolfo Ruiz Cortines (1952-1958) emite consignas que desde el principio ingresan con éxito al humor involuntario: “Al trabajo fecundo y creador./ La marcha hacia el mar./ Todas las libertades menos una: la libertad de acabar con las demás libertades”. El humor popular o de la clase política halla variantes (“todas las libertades menos una, la libertad de ejercerlas”), o convierte al “trabajo fecundo y creador” en el combativo sinónimo de holgazanería.
Los lemas de campaña o las frases de temporada sólo le sirven al choteo y al relajo. Adolfo López Mateos exclama: “A mi izquierda y a mi derecha está el abismo./ Yo soy de extrema izquierda dentro de la Constitución”, y obtiene la andanada del sarcasmo: “Las tres pistas del abismo: la izquierda, la derecha y López Mateos”, y la presión norteamericana lo hace abjurar de atribuirse la condición de “extrema izquierda” de la Constitución o de lo que sea.
Gustavo Díaz Ordaz, en rigor, sólo produce una frase de alcances populares en su informe del 1 de septiembre de 1968: “La calumnia no me llega, la infamia no me toca, el odio no ha nacido en mí”. Y con el entusiasmo del converso (de burócrata modélico a líder del pueblo), Luis Echeverría adopta una consigna que no dice nada y que por eso mismo llama la atención: “Arriba y adelante”, que es como decir: “Súbele y síguele”, o algo así de profundo. A José López Portillo lo gana y lo pierde su amor por la oratoria a medio camino entre lo propio del tribuno y lo típico del penalista: “A los desposeídos les pido perdón”, dice al principio, y culmina: “Defenderé el peso como un perro”, sin agregar lo que sería más justo: “A los desposeídos les vuelvo a pedir perdón porque en seis años no hice nada por ellos”.
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¿Forma parte el rumor del lenguaje público? En países librados al autoritarismo, la impunidad y la negación de la realidad, el rumor ha sido la médula del lenguaje público, la fuente de la credulidad sin sustento, y por eso mismo el sustento de la credibilidad.
Al ser el rumor un elemento primordial, eleva lo que toca el tiempo suficiente para que los enterados, siempre muchísimo, sepan si lo adoptan o se le deja desvanecerse. Por más de un siglo por lo menos mientras se impone el impulso avasallador del presidencialismo (la ideología del único hombre libre en el país), se repite la exclamación muy sucinta de Lerdo de Tejada a don Benito Juárez a punto de tomar una decisión radical: “Ahora o nunca, señor presidente”. Los contextos se eliminan y sólo queda, refulgente, la acción del ciudadano que le exige al gobernante el paso adelante que cancele dos concesiones al enemigo. En su turno, el “Comes y te vas” de Vicente Fox es desde el primer minuto picaresca y pintoresquismo.
El lenguaje público se va deshaciendo del acento épico (el último gran momento latinoamericano: el discurso final de Salvador Allende en el Palacio de la Moneda, y eso entroniza al cinismo, la picaresca y la bobería que el registro irónico vuelve digna de atención. Todo esto aísla ventajosamente la expresión de Fox, se desvanecen la Cumbre de Monterrey, la necesidad de no ofender a George Bush con la presencia de Fidel Castro, y el nerviosismo de un mandatario que, literalmente, no sabe en dónde depositar sus palabras, y queda nada más la suprema expresión de la descortesía: “Comes y te vas”.
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Con “Coopelas o cuelo”, Ye Gon esencializa la trama que de ser cierta revela la masificación de los corruptos. De no ser cierta, la realidad se ve en problemas para justificarse.
Escritor

Para reflexionar


La izquierda: ¿todo es pragmatismo?
Carlos Monsiváis 26 de agosto de 2007

De la derecha, su dirigencia religiosa y sus expresiones políticas, sólo cabe esperar más empecinamiento, más zonas administrativas negadas a la transparencia, más cerrazón, más batallas culturales perdidas de antemano, más campañas de odio; del PRI únicamente permanecen el fragor del cinismo y las incursiones feudales correspondientes. (Ulises Ruiz y Mario Marín son sus estandartes éticos). Por eso, importa y, por el momento, desalienta tanto el rumbo penoso de la izquierda partidaria, en especial la concentrada y dispersa a la vez en el Partido de la Revolución Democrática (PRD), cuyo congreso reciente fue un despliegue de torpezas, golpes bajos y aturdimientos del grupo faccioso que domina el aparato. (A la hora de teatralizar los enojos, sus adversarios no estuvieron mejor).
El tema insoslayable: ¿qué ha pasado con los afanes teóricos de la izquierda? En la época del aislamiento extremo, digamos de 1940 a 1968, y bajo el doble acoso de la persecución y la burla, los participantes en grupos de izquierda leen más, mantienen círculos de estudios, producen textos casi siempre farragosos pero apasionados, luchan por sentirse marxistas y, de hecho, mantienen la visión del mundo que por varias décadas y gracias sobre todo a la presencia de profesores de izquierda en la enseñanza media, es la única articulada frente al adoctrinamiento pueril de la derecha que insiste en negar a Juárez y a la Revolución Mexicana. Pero las reformas de 1978 primero, y la caída del socialismo real poco después, extinguen esa ansiedad de conocimiento relativa o profunda. Ya en su etapa final el Partido Socialista Unificado de México apenas admite intelectuales, y el PRD se integra con activistas sin tiempo para el diálogo intelectual.
Esto no evita que no obstante desencuentros y rechazos de ambas partes, el sector cultural de México se identifique mayoritariamente con el PRD. Nadie, sensatamente, opta por el PRI, su desprestigio distrae al optimismo más combativo, y la derecha política no admite dudas: en materia de vida cotidiana su conservadurismo es flagrante y sin vacilaciones. Y esta certidumbre de que intelectuales y artistas no tienen otro espacio a dónde ir, lleva a la burocracia del PRD y a la dirigencia misma a despreocuparse del asunto. Lo primero es la obtención del poder, después ya se verá. Y sin embargo, en donde gobierna el PRD la atención a los temas culturales y a los creadores es mayor y la disposición política es más sincera. Así como se oye y sin que el elogio tenga sentido si se anulan las comparaciones con el PAN sobre todo.
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Comparto un buen número de causas del PRD, pero de manera un tanto abstracta porque fuera de los logros de la Asamblea Legislativa del DF y de movilizaciones concretas, los proyectos suelen bosquejarse o decirse. De Nueva Izquierda, por ejemplo, no se conoce su proyecto, ni da la impresión de que pierdan el tiempo, mejorándolo. ¿De qué se trata entonces? Simplemente de ser más progresistas que sus adversarios, lo que declarativamente es fácil, pero lo que ya resulta muy insuficiente ante la complejidad de los problemas.
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En el congreso del PRD el partido se declaró socialista. El propósito es loable en la era neoliberal, ¿pero cuáles son los pasos conducentes? Si el PAN lucha por el bien común, la abstracción total los libra de la mentira; si el PRI declara su adhesión a la historia que vendrá, estará actuando con la ventaja de siempre (el porvenir es siempre más inclasificable que el presente), ¿pero qué entienden los perredistas por socialismo? ¿Cómo se han formado sus militantes en el logro de esta aspiración (declararse por un cambio radical de sistema)? ¿Cuáles son las estrategias a desarrollar? Hasta el momento, han probado en las campañas electorales (en el sentido más amplio) su defensa de intereses primordiales (los energéticos, el enfrentamiento a la carestía, la ecología aún tímidamente, la adopción de causas de la bioética y de los derechos civiles en la ciudad de México, y especialmente la defensa de los derechos humanos), pero la búsqueda del socialismo exige el proyecto de la nación en la globalidad (algo distinto al proyecto de nación), y posiciones muy meditadas sobre la economía de mercado y las funciones útiles o extemporáneas del nacionalismo. ¿Se ha trabajado en este sentido? (La pregunta es retórica).
Es muy explicable que el PRI carezca de plataforma ideológica y que no se afana ni por un minuto en tenerla; es muy clara la renuncia del PAN a mantener la distancia frente a cualquier proyecto de actualización ideológica, lo suyo es lo tradicional modificado muy de vez en cuando a regañadientes (hay que ver lo esfuerzos del gobierno de Jalisco por impedir la distribución de condones pero “sin que se note”), y es comprensible que la izquierda, luego del tiempo atroz del socialismo real (que de cualquier modo a los integrantes del PRD sólo les tocó como herencia desbalagada), se oponga al estudio de los manuales (el último fue el de Marta Harnecker, hoy gurú en Venezuela), ¿pero a qué socialismo se refieren?
El modelo siempre a mano es el de Cuba, que ciertamente merece la simpatía que se le profese. Pero Cuba no es exactamente el régimen de Fidel Castro y ni siquiera Cuba es Fidel Castro, al que sólo graves problemas de salud han alejado del ejercicio absoluto y ubicuo del poder. Preguntas inevitables: ¿cree el PRD que Cuba vive una dictadura o, como dicen algunos sociólogos muy prestigiados de la izquierda, es el país más libre de la tierra? ¿Cree el PRD que en Cuba se respetan los derechos humanos? ¿Por qué hasta ahora el PRD ha sido tan entusiasta a fecha fija (26 de julio) o tan discreto al externar sus puntos de vista al respecto? Recuerdo ahora, por si viene al caso, al grupo de diputados y senadores del PRD que ya en el siglo XXI, en un encuentro parlamentario en Cuba, aludió largamente a Castro al lanzarse éste contra la democracia electoral burguesa y elogiar el método del partido único.

sábado, 18 de agosto de 2007

La izquierda en Sonora. Por el Dr. Leopoldo Escudero González

La izquierda en Sonora
L a situación de los partidos de izquierda, por llamarlos de alguna forma, es crítica; los dirigentes han perdido credibilidad y sus militantes se encuentran diezmados
Las elecciones de 1997 son un espejismo .Los bastiones del sur de la entidad desunidos y desalentados Los liderazgos se mantienen a base de pequeñas prebendas (despensas .proyectos productivos, sacos de cemento, laminas de cartón, becas ayudas para ancianos,) entregadas con cuentagotas y de una oscura procedencia.
Las pretensiones de alcanzar puestos de elección popular por mayoría parecen casi imposibles, hoy los dirigentes de las corrientes aspiran a las pluris (diputaciones federal, local y regidurías municipales).Va a suceder lo que nos pasaba en los inicios, sudábamos la gota gorda para integrar las planillas municipales y candidaturas a diputaciones Federales y Locales, para conseguir candidato a gobernador teníamos que importarlo (Ramón Danzos .Jesús Zambrano)
En las elecciones internas del PRD, para Delegados al Congreso Nacional votaron no más de 4000 militantes de un padrón de más de 60,000.
Se presume la votación del 2007, olvidan que los ciudadanos votaron por AMLO, no por los candidatos de la Coalición, la diferencia fue abismal, la votación real del PRD, difícilmente alcanzo el 10 %.
Le apostamos a los pobres, pero ellos están tan ocupados en subsistir, que difícilmente se interesan en la política
Las migajas y cercanía del poder nos volvieron ambiciosos, pragmáticos, deshonestos, soberbios con los de abajo, sumisos con los poderosos
Esa forma de conducta difícilmente puede ganar la voluntad y simpatía de nuestros compatriotas.
,.En ningún momento intentamos un cambio ideológico, únicamente buscábamos votos siguiendo los ejemplos de nuestros rivales, ofrecíamos el oro y el moro, en la política mexicana todo es permitido, menos salir del presupuesto.,esta de moda el camaleonismo
Los resultados están a la vista, Los partidos políticos izquierda o derecha han fracasado, prevalece el abstencionismo, los ciudadanos que acuden a las urnas son como los candidatos: convencionales, no de convicción
Después de casi 200 años de la declaración de Independencia y ser una Republica Democrática no lo somos, seguimos siendo vasallos.Los postulados universales Libertad, Igualdad, Fraternidad, el voto libre, directo y secreto no se han cumplido.
La mayoría de los mexicanos han perdido la esperanza, se encuentran resignados, los que no; tratan de llegar al país “Del destino manifiesto”, donde serán por tiempo indefinido: los del patio trasero, jardineros, peones, meseros,” ilegales”
Miles seguirán arriesgando la vida en busca del “sueño americano”, que todos los días se convierte en pesadilla.
En nuestra Patria parece no haber futuro promisorio
.Nuestros gobernantes y legisladores de todos los partidos políticos, al igual que los grandes, medianos o pequeños privilegiados no se mortifican, son winners..
Leopoldo Escudero Gonzàlez leopoldo04@hotmail.com

Por qué el socialismo: Albert Einstein

Albert EinsteinArtículo publicado originalmente enMonthly Review, New York, mayo 1949.¿Por qué socialismo?¿Debe quien no es un experto en cuestiones económicas y sociales opinar sobre el socialismo? Por una serie de razones creo que sí.Permítasenos primero considerar la cuestión desde el punto de vista del conocimiento científico. Puede parecer que no haya diferencias metodológicas esenciales entre la astronomía y la economía: los científicos en ambos campos procuran descubrir leyes de aceptabilidad general para un grupo circunscrito de fenómenos para hacer la interconexión de estos fenómenos tan claramente comprensible como sea posible. Pero en realidad estas diferencias metodológicas existen. El descubrimiento de leyes generales en el campo de la economía es difícil porque la observación de fenómenos económicos es afectada a menudo por muchos factores que son difícilmente evaluables por separado. Además, la experiencia que se ha acumulado desde el principio del llamado período civilizado de la historia humana —como es bien sabido— ha sido influida y limitada en gran parte por causas que no son de ninguna manera exclusivamente económicas en su origen. Por ejemplo, la mayoría de los grandes estados de la historia debieron su existencia a la conquista. Los pueblos conquistadores se establecieron, legal y económicamente, como la clase privilegiada del país conquistado. Se aseguraron para sí mismos el monopolio de la propiedad de la tierra y designaron un sacerdocio de entre sus propias filas. Los sacerdotes, con el control de la educación, hicieron de la división de la sociedad en clases una institución permanente y crearon un sistema de valores por el cual la gente estaba a partir de entonces, en gran medida de forma inconsciente, dirigida en su comportamiento social.Pero la tradición histórica es, como se dice, de ayer; en ninguna parte hemos superado realmente lo que Thorstein Veblen llamó «la fase depredadora» del desarrollo humano. Los hechos económicos observables pertenecen a esa fase e incluso las leyes que podemos derivar de ellos no son aplicables a otras fases. Puesto que el verdadero propósito del socialismo es precisamente superar y avanzar más allá de la fase depredadora del desarrollo humano, la ciencia económica en su estado actual puede arrojar poca luz sobre la sociedad socialista del futuro.En segundo lugar, el socialismo está guiado hacia un fin ético-social. La ciencia, sin embargo, no puede establecer fines e, incluso menos, inculcarlos en los seres humanos; la ciencia puede proveer los medios con los que lograr ciertos fines. Pero los fines por sí mismos son concebidos por personas con altos ideales éticos y —si estos fines no son endebles, sino vitales y vigorosos— son adoptados y llevados adelante por muchos seres humanos quienes, de forma semi-inconsciente, determinan la evolución lenta de la sociedad.Por estas razones, no debemos sobrestimar la ciencia y los métodos científicos cuando se trata de problemas humanos; y no debemos asumir que los expertos son los únicos que tienen derecho a expresarse en las cuestiones que afectan a la organización de la sociedad. Muchas voces han afirmado desde hace tiempo que la sociedad humana está pasando por una crisis, que su estabilidad ha sido gravemente dañada. Es característico de tal situación que los individuos se sienten indiferentes o incluso hostiles hacia el grupo, pequeño o grande, al que pertenecen. Como ilustración, déjenme recordar aquí una experiencia personal. Discutí recientemente con un hombre inteligente y bien dispuesto la amenaza de otra guerra, que en mi opinión pondría en peligro seriamente la existencia de la humanidad, y subrayé que solamente una organización supranacional ofrecería protección frente a ese peligro. Frente a eso mi visitante, muy calmado y tranquilo, me dijo: «¿Por qué se opone usted tan profundamente a la desaparición de la raza humana?»Estoy seguro de que hace tan solo un siglo nadie habría hecho tan ligeramente una declaración de esta clase. Es la declaración de un hombre que se ha esforzado inútilmente en lograr un equilibrio interior y que tiene más o menos perdida la esperanza de conseguirlo. Es la expresión de la soledad dolorosa y del aislamiento que mucha gente está sufriendo en la actualidad. ¿Cuál es la causa? ¿Hay una salida?Es fácil plantear estas preguntas, pero difícil contestarlas con seguridad. Debo intentarlo, sin embargo, lo mejor que pueda, aunque soy muy consciente del hecho de que nuestros sentimientos y esfuerzos son a menudo contradictorios y obscuros y que no pueden expresarse en fórmulas fáciles y simples.El hombre es, a la vez, un ser solitario y un ser social. Como ser solitario, procura proteger su propia existencia y la de los que estén más cercanos a él, para satisfacer sus deseos personales, y para desarrollar sus capacidades naturales. Como ser social, intenta ganar el reconocimiento y el afecto de sus compañeros humanos, para compartir sus placeres, para confortarlos en sus dolores, y para mejorar sus condiciones de vida. Solamente la existencia de estos diferentes y frecuentemente contradictorios objetivos por el carácter especial del hombre, y su combinación específica determina el grado con el cual un individuo puede alcanzar un equilibrio interno y puede contribuir al bienestar de la sociedad. Es muy posible que la fuerza relativa de estas dos pulsiones esté, en lo fundamental, fijada hereditariamente. Pero la personalidad que finalmente emerge está determinada en gran parte por el ambiente en el cual un hombre se encuentra durante su desarrollo, por la estructura de la sociedad en la que crece, por la tradición de esa sociedad, y por su valoración de los tipos particulares de comportamiento. El concepto abstracto «sociedad» significa para el ser humano individual la suma total de sus relaciones directas e indirectas con sus contemporáneos y con todas las personas de generaciones anteriores. El individuo puede pensar, sentirse, esforzarse, y trabajar por sí mismo; pero él depende tanto de la sociedad —en su existencia física, intelectual, y emocional— que es imposible concebirlo, o entenderlo, fuera del marco de la sociedad. Es la «sociedad» la que provee al hombre de alimento, hogar, herramientas de trabajo, lenguaje, formas de pensamiento, y la mayoría del contenido de su pensamiento; su vida es posible por el trabajo y las realizaciones de los muchos millones en el pasado y en el presente que se ocultan detrás de la pequeña palabra «sociedad».Es evidente, por lo tanto, que la dependencia del individuo de la sociedad es un hecho que no puede ser suprimido —exactamente como en el caso de las hormigas y de las abejas. Sin embargo, mientras que la vida de las hormigas y de las abejas está fijada con rigidez en el más pequeño detalle, los instintos hereditarios, el patrón social y las correlaciones de los seres humanos son muy susceptibles de cambio. La memoria, la capacidad de hacer combinaciones, el regalo de la comunicación oral han hecho posibles progresos entre los seres humanos que son dictados por necesidades biológicas. Tales progresos se manifiestan en tradiciones, instituciones, y organizaciones; en la literatura; en las realizaciones científicas e ingenieriles; en las obras de arte. Esto explica que, en cierto sentido, el hombre puede influir en su vida y que puede jugar un papel en este proceso el pensamiento consciente y los deseos.El hombre adquiere en el nacimiento, de forma hereditaria, una constitución biológica que debemos considerar fija e inalterable, incluyendo los impulsos naturales que son característicos de la especie humana. Además, durante su vida, adquiere una constitución cultural que adopta de la sociedad con la comunicación y a través de muchas otras clases de influencia. Es esta constitución cultural la que, con el paso del tiempo, puede cambiar y la que determina en un grado muy importante la relación entre el individuo y la sociedad como la antropología moderna nos ha enseñado, con la investigación comparativa de las llamadas culturas primitivas, que el comportamiento social de seres humanos puede diferenciar grandemente, dependiendo de patrones culturales que prevalecen y de los tipos de organización que predominan en la sociedad. Es en esto en lo que los que se están esforzando en mejorar la suerte del hombre pueden basar sus esperanzas: los seres humanos no están condenados, por su constitución biológica, a aniquilarse o a estar a la merced de un destino cruel, infligido por ellos mismos.Si nos preguntamos cómo la estructura de la sociedad y de la actitud cultural del hombre deben ser cambiadas para hacer la vida humana tan satisfactoria como sea posible, debemos ser constantemente conscientes del hecho de que hay ciertas condiciones que no podemos modificar. Como mencioné antes, la naturaleza biológica del hombre es, para todos los efectos prácticos, inmodificable. Además, los progresos tecnológicos y demográficos de los últimos siglos han creado condiciones que están aquí para quedarse. En poblaciones relativamente densas asentadas con bienes que son imprescindibles para su existencia continuada, una división del trabajo extrema y un aparato altamente productivo son absolutamente necesarios. Los tiempos —que, mirando hacia atrás, parecen tan idílicos— en los que individuos o grupos relativamente pequeños podían ser totalmente autosuficientes se han ido para siempre. Es solo una leve exageración decir que la humanidad ahora constituye incluso una comunidad planetaria de producción y consumo.Ahora he alcanzado el punto donde puedo indicar brevemente lo que para mí constituye la esencia de la crisis de nuestro tiempo. Se refiere a la relación del individuo con la sociedad. El individuo es más consciente que nunca de su dependencia de sociedad. Pero él no ve la dependencia como un hecho positivo, como un lazo orgánico, como una fuerza protectora, sino como algo que amenaza sus derechos naturales, o incluso su existencia económica. Por otra parte, su posición en la sociedad es tal que sus pulsiones egoístas se están acentuando constantemente, mientras que sus pulsiones sociales, que son por naturaleza más débiles, se deterioran progresivamente. Todos los seres humanos, cualquiera que sea su posición en la sociedad, están sufriendo este proceso de deterioro. Los presos a sabiendas de su propio egoísmo, se sienten inseguros, solos, y privados del disfrute ingenuo, simple, y sencillo de la vida. El hombre sólo puede encontrar sentido a su vida, corta y arriesgada como es, dedicándose a la sociedad.La anarquía económica de la sociedad capitalista tal como existe hoy es, en mi opinión, la verdadera fuente del mal. Vemos ante nosotros a una comunidad enorme de productores que se están esforzando incesantemente privándose de los frutos de su trabajo colectivo —no por la fuerza, sino en general en conformidad fiel con reglas legalmente establecidas. A este respecto, es importante señalar que los medios de producción —es decir, la capacidad productiva entera que es necesaria para producir bienes de consumo tanto como capital adicional— puede legalmente ser, y en su mayor parte es, propiedad privada de particulares.En aras de la simplicidad, en la discusión que sigue llamaré «trabajadores» a todos los que no compartan la propiedad de los medios de producción — aunque esto no corresponda al uso habitual del término. Los propietarios de los medios de producción están en posición de comprar la fuerza de trabajo del trabajador. Usando los medios de producción, el trabajador produce nuevos bienes que se convierten en propiedad del capitalista. El punto esencial en este proceso es la relación entre lo que produce el trabajador y lo que le es pagado, ambos medidos en valor real. En cuanto que el contrato de trabajo es «libre», lo que el trabajador recibe está determinado no por el valor real de los bienes que produce, sino por sus necesidades mínimas y por la demanda de los capitalistas de fuerza de trabajo en relación con el número de trabajadores compitiendo por trabajar. Es importante entender que incluso en teoría el salario del trabajador no está determinado por el valor de su producto.El capital privado tiende a concentrarse en pocas manos, en parte debido a la competencia entre los capitalistas, y en parte porque el desarrollo tecnológico y el aumento de la división del trabajo animan la formación de unidades de producción más grandes a expensas de las más pequeñas. El resultado de este proceso es una oligarquía del capital privado cuyo enorme poder no se puede controlar con eficacia incluso en una sociedad organizada políticamente de forma democrática. Esto es así porque los miembros de los cuerpos legislativos son seleccionados por los partidos políticos, financiados en gran parte o influidos de otra manera por los capitalistas privados quienes, para todos los propósitos prácticos, separan al electorado de la legislatura. La consecuencia es que los representantes del pueblo de hecho no protegen suficientemente los intereses de los grupos no privilegiados de la población. Por otra parte, bajo las condiciones existentes, los capitalistas privados inevitablemente controlan, directa o indirectamente, las fuentes principales de información (prensa, radio, educación). Es así extremadamente difícil, y de hecho en la mayoría de los casos absolutamente imposible, para el ciudadano individual obtener conclusiones objetivas y hacer un uso inteligente de sus derechos políticos.La situación que prevalece en una economía basada en la propiedad privada del capital está así caracterizada en lo principal: primero, los medios de la producción (capital) son poseídos de forma privada y los propietarios disponen de ellos como lo consideran oportuno; en segundo lugar, el contrato de trabajo es libre. Por supuesto, no existe una sociedad capitalista pura en este sentido. En particular, debe notarse que los trabajadores, a través de luchas políticas largas y amargas, han tenido éxito en asegurar una forma algo mejorada de «contrato de trabajo libre» para ciertas categorías de trabajadores. Pero tomada en su conjunto, la economía actual no se diferencia mucho de capitalismo «puro». La producción está orientada hacia el beneficio, no hacia el uso. No está garantizado que todos los que tienen capacidad y quieran trabajar puedan encontrar empleo; existe casi siempre un «ejército de parados». El trabajador está constantemente atemorizado con perder su trabajo. Desde que parados y trabajadores mal pagados no proporcionan un mercado rentable, la producción de los bienes de consumo está restringida, y la consecuencia es una gran privación. El progreso tecnológico produce con frecuencia más desempleo en vez de facilitar la carga del trabajo para todos. La motivación del beneficio, conjuntamente con la competencia entre capitalistas, es responsable de una inestabilidad en la acumulación y en la utilización del capital que conduce a depresiones cada vez más severas. La competencia ilimitada conduce a un desperdicio enorme de trabajo, y a esa amputación de la conciencia social de los individuos que mencioné antes.Considero esta mutilación de los individuos el peor mal del capitalismo. Nuestro sistema educativo entero sufre de este mal. Se inculca una actitud competitiva exagerada al estudiante, que es entrenado para adorar el éxito codicioso como preparación para su carrera futura.Estoy convencido de que hay solamente un camino para eliminar estos graves males: el establecimiento de una economía socialista, acompañado por un sistema educativo orientado hacia metas sociales. En una economía así, los medios de producción son poseídos por la sociedad y utilizados de una forma planificada. Una economía planificada que ajuste la producción a las necesidades de la comunidad, distribuiría el trabajo a realizar entre todos los capacitados para trabajar y garantizaría un sustento a cada hombre, mujer, y niño. La educación del individuo, además de promover sus propias capacidades naturales, procuraría desarrollar en él un sentido de la responsabilidad para sus compañeros-hombres en lugar de la glorificación del poder y del éxito que se da en nuestra sociedad actual.Sin embargo, es necesario recordar que una economía planificada no es todavía socialismo. Una economía planificada puede estar acompañada de la completa esclavitud del individuo. La realización del socialismo requiere solucionar algunos problemas sociopolíticos extremadamente difíciles: ¿cómo es posible, con una centralización de gran envergadura del poder político y económico, evitar que la burocracia llegue a ser todopoderosa y arrogante? ¿Cómo pueden estar protegidos los derechos del individuo y cómo asegurar un contrapeso democrático al poder de la burocracia?